DEJAMOS ARAGÓN

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Dejamos Aragón.

 

Se acaba el rodaje aragonés en Belchite viejo, aquel pueblo que fue bombardeado el verano del 37 por el ejército republicano, los escombros del que quedan en pie esqueléticas con ventanas de ojos de cadáver que dejan pasar un cielo azulísimo. Ahora rodamos Incierta Gloria. Estamos a 38 grados y la nieve-espuma que escupen las mangueras de agua del coche de bomberos cedido gentilmente por el ayuntamiento de Zaragoza se funde muy deprisa. La escena en la película representa un pueblo abandonado prisa por el miedo de las bombas dividido por una alambrada: a un lado los republicanos a la otra los nacionales. -Asia era-, me dice el alcalde del ayuntamiento. Los soldados de ambos bandos saquean el lado de la calle que les toca. Luis (Marcel Borràs) ha encontrado un caballo de cartón y lo toma para su hijo, un rumor en el otro lado le sorprende y desenfunda el arma. Abrigado con una espesa capa el soldado enemigo estalla en una gran carcajada, es en Soleràs (Oriol Pla), su compañero del alma. ¿Qué hace al lado enemigo? Como en el Tercer hombre cuando José Cotten descubre a Orson Welles en la Viena devastada, nuestra Incierta gloria es una historia de amistad profunda que topa, también, con las éticas cotejadas de los protagonistas. Repetimos varias veces la carcajada de en Soleràs porque hiera, sonora, aún más. Es el ritual del silencio sepulcral que exige el técnico de sonido. Cenamos bajo el toldo y se ha hecho de noche y recomienza el rodaje: Acción! Corten! Buena! No pierdo de vista Agustí más tranquilo pero que empieza a acusar, como todo el equipo, los días y días de rodaje. Me cierro el despacho improvisado de producción para repasar una y otra vez los números con Aleix y Gaiska, el socio aragonés hasta que sentimos aplausos. Se ha terminado por hoy.

Me reca dejar Belchite sin una caminata por la larga calle destripado del pueblo. Se han apagado los focos y una luna mora luce nítida sobre mi cabeza. Como acostumbran los ojos a la oscuridad! Bajo la bóveda del cielo camino y camino y las voces del equipo languidecen. Los espectros de los edificios con el silencio de la noche impresionan aún más. Parece mentira que allí hubiera habido tanta vida! Tropiezo con unas escaleras que me conducen al interior de la iglesia del pueblo, lo reconozco por los arcos y por la bóveda derrumbada que como una inmensa boca redonda deja ver el cielo limpísimo moteado de estrellas. Qué infinitud tiene el momento! Me suena el móvil y me asusta. Es María. -Isona donde padres? Cierran la portada y todo el mundo se fuera! Lo sabía! - Ahora sí que enciendo la linterna del móvil para rehacer el camino corrientes y no tropezar en el último tramo con los objetos quemados que hemos esparcido por el suelo, libros, sillas, tossos de carros, voy por la banda republicana del pueblo, aquí no dudo.

Al día siguiente volvemos a Barcelona y cruzamos la carretera bordeando los kilómetros y kilómetros de la piel de elefante de los Monegros. No pueden no estimar los Monegros con esta rotundidad pétrea que no olvidaremos, como no olvidaremos los apoyo incondicional de las autoridades y la población aragonesa que han hecho de Incierta Gloria su película. Ahora acabaremos de rodarla en Cataluña a partir de la próxima semana. Y las escenas que vienen son mucho trabajo ingente, un reto que deseamos con toda nuestra alma!

                                                                           

Isona Passola